Posibilita que el niño tenga un recurso estable de escritura para interactuar libremente con ella.
Es un buen modelo de escritura porque representa un atributo que sólo puede representarse gráficamente a través de la escritura, siendo una parte muy importante de su identidad, lo que produce gran motivación para aprender (carga afectiva).
Es una fuente de información que luego irá generalizando a otras escrituras y ofrece un gran repertorio de letras convencionales, que luego podrá comparar, diferenciar, clasificar, etc.
Es un texto con auténtico significado para el niño: lo designa, marca su territorio y propiedad, lo identifica, etc.
El objetivo principal de trabajar el nombre propio es la iniciación en la lectura y escritura
a través de un texto significativo.